Mi embarazo (parte 2)

Hace unas semanas te contaba mi experiencia durante el primer trimestre de mi embarazo, hoy vuelvo por aquí para contarte como fue el segundo trimestre.

Suelen decir que cuando has tenido un primer trimestre malo, que el segundo se pasa mucho mejor, y la verdad es que después de ver la primera ecografía en la semana 12, a mí se me hizo más llevadero, las náuseas desaparecieron, ya no me sentía tan cansada, y a partir de entonces ya sí que me sentía como en una nube, pero aunque todo parece perfecto, en el momento menos pensado se puede torcer todo y puedes convertirte en un mar de lágrimas por la tontería más grande del mundo.

Yo de normal, soy una persona bastante sensible, pero durante el embarazo era horrible, cualquier cosa me hacía llorar como una magdalena y al segundo reírme como una tonta, era ver en la tele algo sobre mi tierra, y me ponía a llorar desconsolada.

Lo de la memoria, soy una persona bastante despistada, pero con el embarazo era ya una cosa a parte, ¡¡¡llegué a olvidarme el bolso 3 veces seguidas en cosa de 5 minutos en el mismo sitio!!!

Por lo demás, el segundo trimestre fue bastante tranquilo, quitando que cuando daba paseos se me ponía la barriga dura como una piedra y tenía que parar a descansar.

Sobre el cuarto mes de embarazo empecé a notar los movimientos de mi peque, así que no veas la alegría, me pasaba el día entero con las manos encima de la barriga y dando golpecitos a ver si respondía, jejeje, pero a finales del cuarto mes estando de camping, la segunda noche deje de notar los movimientos, ni tomando zumos ni chocolate conseguía notar que se moviera, así que con el miedo en el cuerpo nos fuimos al hospital a ver qué pasaba, y lo que en principio parecía que iba a ser una visita rápida, para ver con una eco que todo iba bien, se convirtió en una semana ingresada en el hospital porque tenía contracciones y el cuello del útero bajo para la semana de gestación en la que estaba.

Fue una semana horrible, estuve ingresada en el hospital del Mar de Barcelona, más que nada lo pasé mal porque nadie me decía nada claro, unos me decían una cosa y al día siguiente venía otra persona y me decía otra cosa diferente, las enfermeras y auxiliares tengo que decir que fueron súper amables y me trataron de lujo, pero había una doctora que yo no sé si es que tenía una mala semana o qué, pero se podía haber quedado en su casita o haberse ido de vacaciones, hasta el cuarto día de estar ingresada no la conocí, y maldita la hora.
La noche de antes me habían cambiado de habitación, y en el cambio, vino la doctora que estaba coordinando y me dijo que al día siguiente me harían una analítica a primera hora y que si todo estaba bien me darían el alta.Total que al día siguiente a las 10 de la mañana no había venido nadie para hacerme la analítica ni a decirme nada y al rato apareció la doctora a la que después apodaríamos como la “doctora vinagre”, y ahora entenderás por qué:

Doctora vinagre: Hola buenos días.
Yo: Buenos días.
D. vinagre: ¿Cómo estás?
Yo: Bien, pero me habían dicho que hoy iban a hacerme unos análisis a primera hora y si todo salía bien me daban el alta y no ha venido nadie.
D. vinagre: ¿Cómo? ¿Pero tú sabes quién soy yo?
Yo: Pues la verdad que no, en 4 días he conocido a mucha gente.
D. vinagre: Pues yo soy la doctora jefa y hoy no te van a hacer análisis, te pondremos los monitores y ya está.

Y se fue, y me dejó con cara de tonta y después me puse a llorar.
Imagínate el agobio, no podía levantarme de la cama nada más que para ir al baño, estaba en la habitación con una desconocida que ella sí podía entrar y salir cuando quería, pero no hablaba mucho. Lo mejor era cuando venían las visitas o cuando venía alguna enfermera a hacernos el control o a traernos algo de comer, a mí por las noches me tenían que poner una inyección de heparina para que no se coagulara la sangre, ya sabía qué enfermera era la que mejor las ponía, sin dolor y sin marcas, y se agradecía cuando venían y te daban un poco de conversación.

 

Al sexto día por fin me dieron el alta, mi bebé estaba perfecto y mis contracciones que yo no había notado en ningún momento habían parado, pero aún así me dijeron que tenía que guardar reposo relativo y que si salía a dar paseos, que fueran cortos y descansando.

Con este panorama pensaba que no iba a poder ir a mi pueblo a ver a mis padres, así que me quedé un poco chafada, pero al final del segundo trimestre en la visita al ginecólogo que me pusieron en el hospital, este me dijo que podía hacer el viaje sin problemas, pero haciendo paradas para estirar las piernas y con calma, así que me faltó tiempo para irme.

Y así acabé el segundo trimestre, sin poder moverme mucho, pero en mi pueblo con la familia y los amigos.

Si quieres saber cómo pasé el tercer trimestre te lo cuento en unas semanas, así que no pierdas detalle.

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